| Resumen: | «Todo puede ser un relato y nada es un relato. Una habitación descrita es un relato —y mientras tanto el público se queja de que no hay nada dentro, que falta la acción y bendice aquellos relatos que comenzaban: había una vez, porque se contaba algo» escribe Matilde Serao (1856-1927), fotografiando el estado de cosas en 1883, en un artículo llamado «Nihil». Y, aunque por el tono polémico de la nota se esperaría que no, ella es parte de la fotografía. En la línea humorística y metanarrativa de los bizarros Vittorio Imbriani y Carlo Dossi, Serao escribe dos textos, «Delfina» (1880) y «Juego de paciencia» (1888) que, con sus anti-tramas, falsas pistas y descripciones inútiles se mofan de las expectativas de lectoras y lectores. No les da lo que querrían, sino otra cosa, mientras que en «Paolo Spada» (1888) dramatiza la tensión entre arte y vida en la figura de un escritor de su época. A casi un siglo y medio de su publicación, por eso, los textos conservan intacta su rareza y reactivan la pregunta de qué es lo que todavía le pedimos a la literatura. |